nieve

viernes, 12 de agosto de 2011

.CAPITULO 6.

Un grito atrunador, que todo el mundo oyó y se giraron para ver quien era la persona que, según ellos, no tenía por qué gritar y para su sorpresa era Esther. En ese momento empezaron los murmullos, risitas y esas cosas que tanto molestan.
- Por favor, dejadle, ha sido culpa mía.
- Pero que dices -susurró Sam.
- Yo le dije que había una fiesta y pensó que era de personas del exterior, a sido mi culpa -dijo cabiz baja.
- Bueno -dijo el jefe de la aldea pensativo- No podemos castigarte ya que superarias todas la pruebas. Está bien, chico, te dejaremos ir pero como digas algo de esto, ya puedes ir despidiendote de la libertad.
- Sí -contestó Diego con firmeza.
El jefe se retiró y cuando todos volvían a sus respectivos lugares, Esther corrió hacia él, preocupada de lo que pudiese pasar. Se le veía triste pero a la vez asustado, feliz por seguir vivo pero triste por haber metido en problemas a Esther y muchas otras cosas que se podían saber por la expresión de su cara.
- Pero tú eres tonto o ¿qué? -dijo Esther seberamente enfadada.
- Tenía curiosidad -contestó de forma triste -lo siento.
Esas dos palabras llegaron al fondo del corazón de Esther, ya que no estaba preparada para ese golpe pero se sentía feliz y alibiada ya que había pasado mucho miedo, ¿Por qué? no lo sabía ni ella.
- Estaba muy preocupada, me habías asustado.
- ¿En serio? -preguntó muy interesado.
- Sí, pero no pienses mal eh, solo que no conoces este sitio -intentó disimular.
- Claro, bueno me alegro de que te hallas preocupado -dijo sonriendo de oreja a oreja.
Pero en el momento más tierno de la vida de ambos, llegó el orangután que estropeó el momentazo.
- Anda preciosidad, aléjate de este ser, da asco -dijo en tono burlón John.
- Oye tú, paleto -contestó Diego.
- No espera Diego -dijo Esther a punto de explotar -Oye tú, paleto, olvídate de mi, ¿Entendido? que no me gustas, que no quiero nada de tí.
En ese momento, Esther había explotado de una forma que nunca había mostrado y John con la intención de no caer más bajo, se alejó de la primera forma que se le ocurrió y visiblemente furioso se fue con sus amigos.
Diego no podía creer nada de lo que estaba viendo y decidió irse para no causar más problemas. Pero para su aún más sorpresa, alguien le cogió del brazo.
- Espera -dijo una voz a sus espaldas -No vayas solo, es peligroso.
- ¿En serio? -contestó Diego que sabía perfectamente quien era la voz mientras se volvía -A lo mejor es que no quieres que me vaya Esther.
- Tranquilo chico, es verdad, no solo hay una aldea hay más a los alrededores y si vas solo podrían pensar que les estas espiando.
- Vale, te creo -dijo entre carcajadas.
- Vamos, te enseñaré la salida del bosque.
- Oh, que romantico -Canturreó Sam en mitad de la fiesta.
La pareja caminaba a través del bosque sin saber de que hablar, ni donde mirar, ni nada de nada. Esther se sonrijaba cada vez que pensaba que estaban solos en el bosque, no paraba de mirar a un lado y a otro para disimular y Diego, más nervioso que ella, pensando que hacer, acercarse, alejarse, mirar, no mirar.
- Bueno, que noche más...
Y antes de que Diego acabase la frase, se cayó a un pequeño estanque que no cubría, pero que empapó por completo a Diego y que Esther encontró bastante divertivo y no pudo aguantar las ganas de reir y Diego pensó que, para verla siempre tan seria, tenía una sonrisa preciosa. Así que, en un segundo tiró a ella al agua también y acabaron los dos chapoteando y tirandose agua. Los dos pensaron que se alegraban de estar allí, en ese momento.
CONTINUARÁ...







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