nieve

jueves, 11 de agosto de 2011

.CAPITULO 5.

John se creía demasiado, pero aún así, a las chicas las volvía locas, a todas menos a Esther, que era de las pocas que se daban cuenta que era una cabeza hueca.
- Yo que tú no me hacía demasiadas ilusiones -contestó un amigo suyo.
- Bailaré con ella, grábatelo en la cabeza -dijo John con un aire de superioridad.
Por otra parte, Sam ya estaba preparada con un largo vestido azul claro liso, con mangas cortas y unos zapatos azul noche de tacón, un color que la favorecía mucho y la quedaba muy bien.
- Vaya Sam, te queda genial -dijo Esther con entusiasmo.
- El tuyo es más bonito, te lo digo yo -contestó Sam -Seguro que impresionas a tu amor platónico John.
- No me hagas reír Sam, es demasiado...como decirlo...
- ¿Tonto?¿Paleto?
- Algo más que eso -rió Esther.
- Anda ve a cambiarte -ordenó Sam con una sonrisa de oreja a oreja.
Diego, tumbado en su cama, solo pensaba que excusa le podía poner a Esther para acompañarla a casa y conocerla más, pero sabía perfectamente que no era de esas niñas tontas, así que, iba a ser difícil.
- ¿Por qué es tan difícil? -suspiró.
Pero algo llamó su atención, una luz diferente a las demás, dentro del bosque, lo que le temió lo peor, así que, salió de su casa con lo primero que pilló y corrió hacia el bosque sin saber lo que se podía encontrar. Atravesó un estrecho sendero, un pequeño río y para su sorpresa un puente que, para él no pintaba nada allí. Por fin llegó al lugar de donde salían las luces y una música bastante contagiosa. Mirando a través de unos matorrales vio a toda la aldea, cantando, bailando y preparando la hora del baile.
<<Vaya, que cosa más rara>> -pensó.
Pero de repente, todas las miradas se fijaron en una joven que aparecía entre la multitud y un gran foco la apuntó. Era Esther. Estaba preciosa, con un bonito y largo vestido lavanda de escote de palabra de honor, con una cinta en la cintura de color plateado, que brillaba tanto como su mirada, debajo de la cinta caía una tela color plateado transparente que estaba encima de la tela lisa lavanda, que era la parte de abajo del vestido, de un vestido único que parecía perfectamente echo para ella, conjuntado con unas sandalias plateadas con un tacón de aguja, la quedaba perfecto y las joyas la resaltaban aún más la belleza. Esther estaba tan guapa que todo el mundo la miraba.
- Sam, ¿Por qué me mira todo el mundo?
- No sé Esther, ¡¿Por qué será?! -dijo Sam con aire burlón.
- Preciosidad, me concedes este baile -Dijo John con aire altivo.
- Lo siento John, no bailo con monos -Contestó Esther de forma bastante mal educada.
Unas risas se oyeron de fondo y John cogió la mano de Esther para sacarla a bailar y aun que ella se negaba a salir a bailar con él, por más que se negaba, él la tiraba más y en un descuido de ella, acabaron en la pista de baile, bailando una lenta canción.
- ¿Notas esa energía que compartimos? -dijo John con un gran aire de superioridad, como hablaba siempre.
- Sí, es verdad.
- ¿Y que sientes?
- ¡Ganas de vomitar! -gritó Esther mientras se separaba de él con un mal gesto.
La gente se reía y Esther con la cabeza bien alta se dirigía a donde estaba Sam cuando un crujido llamó la atención de toda la aldea y un grito se oyó. Todos se volvieron hacía donde había salido Diego del arbusto por haberse roto este.
- ¡Un intruso! -grito un joven.
- ¡Atraparlo! -gritó otro.
- Eh,Eh,Eh, no, no, no -dijo Diego visiblemente preocupado con la intención de disimular- Eeem, yo soy uno nuevo, es que me he perdido pero ya estoy, por favor prosigan la fiest...
Antes de que pudiese acabar la frase, unos cuantos guardias se abalanzaron sobre él y lo encadenaron en menos de veinte segundos, y mostraron a todos los habitantes. Esther y Diego se cruzaron miradas pero él no dijo nada por no meter en problemas a ella, aun que Esther esperaba que lo dejasen ir, eso no pasó.
- Vamos a castigarle de la forma que se merece -pronunció el jefe de la aldea -En un duelo, le lanzaremos flechas de cuatro puntas y si las esquiva todas, podrá salir.
Un joven que miraba de mala forma a Diego, le trajo unas cincuenta estrellas ninja para que se las lanzasen. Colocaron a Diego en un buen punto de vista y justo cuando estaba a punto de lanzar las tres primeras, se oyó un grito en la multitud.
CONTINUARÁ...

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