nieve

miércoles, 10 de agosto de 2011

.CAPITULO 4.

Las dos amigas estaban a punto de llegar a su hogar, todo iluminado para el gran evento que estaba a punto de suceder. El gran Baile de la Rosa Violeta. Cada año, cuando los jóvenes ninjas cumplían los 15 años, se festejaba una gran baile para que chicos y chicas se conociera, intercambiaran gustos y se enamoraran unos de otros para asegurar la prosperidad del pueblo, nunca era necesario, pero en algunos casos se concertaba un matrimonio, claro que eso nunca era necesario.
- ¿Por qué todo esta tan iluminado? -preguntó Esther.
- ¡Esther! ¿Ya lo has olvidado? -contesto Sam con el ceño fruncido.
- Oh, es verdad que tonta...es tu cumple, a que sí -dijo Esther, intentando que no se notase que no tenía ni idea-¡Felicidades amiga!
- No -contestó Sam con una cara asesina -Hoy es el Baile de la Rosa Violeta, merluza.
- Es verdad que tonta -y soltó una gran carcajada.
- Anda merluza, vamos, nos tenemos que preparar.
- Eh, sí, vamos.
Toda la aldea, estaba iluminada, había luces, música, y todo el mundo estaba contento. Lástima que esa alegría no se pudiese enseñar a nadie, ya que las personas del exterior del bosque no pudiesen verlo. Esther y Sam se adentraron en la sala de vestuario para cambiarse de ropa, algo que a Esther no la hacía mucha gracia, no por los vestidos tan preciosos que les iban a poner, sino porque no la hacía ninguna gracia tener que enamorarse a la fuerza con algún niño que seguramente se creía demasiado, pero estaba dispuesta a todo porque como decía su padre <<A veces los sueños no se hacen realidad, pero no por ello, debes dejar que los de los demás no cumplan los suyos>>. Que, aunque no tiene mucho sentido en esta ocasión, Esther siempre la usaba para darse ánimos.
- Aller, aller, vamos chicas, vais a llegar tarde.
Las chica corrieron lo más deprisa que pudieron para no perder una segundo más de ese valioso tiempo que estaban ''malgastando'' de alguna forma. Los chicos tampoco se tomaban este baile a broma, era su oportunidad de encontrar pareja y eso les motivaba más aún. Aunque no todos los chicos era agradables, había alguno que otro que se pasaba de la raya.
- ¿Habéis pensado con quien queréis bailar? -preguntó un chico entre la multitud.
- Yo lo tengo claro, seguro que Esther me está esperando, ya que la tengo loquita -dijo John, uno de los más guapos y más creídos de la aldea.
- Seguro -rio un compañero suyo.
CONTINUARA...

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