nieve

martes, 9 de agosto de 2011

.CAPITULO 3.

Esther iba de camino a su casa cuando decidió que quería tomar un atajo por un oscuro y tenebroso callejón, era tal su oscuridad que se notaba que no había pasado nada ni nadie por ahí en mucho tiempo, o al menos eso pensaba Esther, cuando de la nada aparecieron tres chicos, probablemente de su misma edad pero de otro instituto, y empezaron a rodear a Esther de tal forma que no pudiese salir de ahí.
- ¿Qué hace una chica tan mona como tú en un callejón oscuro como este? -dijo uno de ellos, el más alto.
- Desde luego no he venido a verte a ti -contestó Esther.
- Te crees muy chula ¿Eh? -dijo el chaval visiblemente dolido por el comentario de Esther -Veamos que tal te las apañas tu solita.
- Créeme no querrás que eso suceda -dijo ella con una sonrisa entre dientes.
- Te la has ganado chica.
El chico intentó coger a Esther pero ella se movió con gran destreza y esquivó el golpe, al intentar volver a golpearla, ella se adelantó y le propinó un golpe bajo que no vio llegar.
- Te has metido con quien no debías -dijo ella con sarcasmo
Los tres chicos salieron corriendo presos del pánico, ya que no se esperaban esa reacción. Esther continuó su camino pasando por la plaza, y entró en el bosque, algo que a la gente le daba terror, por su oscuridad y secretos que solo algunos sabían. Esther era una de esas personas que lo sabían. De repente, un pequeño crujido se oyó el la oscuridad y unas extrañas lanzas salieron de la oscuridad, pero Esther estaba preparada para cualquier cosa. Quien sabe porque, pero estaba preparada para cualquier cosa, así que, esquivó sin ningún problema las lanzas que intentaban matarla.
- Ey, te has vuelto muy buena -se oyó una voz entre los arbustos.
- Sabes que yo soy muy buena Sam -contestó Esther
- Mi nombre es Samanta Booher y el tuyo Esther Healy, así que menos confianza -dijo entre carcajadas.
- Oh venga, somos amigas de toda la vida, calla y deja de lanzarme eso cada vez que nos veamos.
Sam era una joven rubia tan alta como Esther, de ojos azules y mirada penetrante.
- Vamos llegaremos tarde.
- Quien dijo que ser ninja fuese fácil...
- Nadie eso te lo has inventado tú -dijo Sam poniendo punto y final a la conversación
Las dos amigas siguieron su camino, de árbol en árbol, hacía su aldea, que estaba preparando una gran fiesta.
CONTINUARÁ...

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